No todos somos conscientes de que más allá de nuestras playas y océanos hay otras tierras, otros mundos, otros lugares y otras lenguas. Sitios que merece la pena ver aunque sea una vez en la vida. Experiencias inolvidables que no podemos dejar pasar y aventuras que no se pueden imaginar.
Quizás una vida es demasiado tiempo para pasarlo en una isla. Al final nos damos cuenta que ha pasado muy rápido y que la monotonía acabó con nuestra felicidad. Así que nos sentamos en el sillón, y nos hacemos amantes del conformismo. Pero ¿por qué? ¿Por qué no arriesgarse a aprender un poco más, a saber un poco más, a ver un poco más? Si no lo hacemos hoy...¿cuándo vamos a hacerlo? ¿Por qué no comprar una hucha y llenarla con ilusión? Romperla al año siguiente, coger un mapa, mirar hacia el techo y señalar cualquier punto con el dedo. ¿Por qué no ser valientes, atrevidos y osados? ¿De qué otra cosa vamos a hablar que de trabajo y nuestra vida aburrida?
Por una vez en la vida alejarse de esta ciudad y dejar todo atrás. Irse un par de años a otro país, aprender su lengua, convivir con extraños y cambiar de vida. Lavar trapos sucios, cambiar cosas de sitio, y dejar de ser tan pudoroso. Abrir la mente muchísimo más y venir renovado. Quizás nunca querramos volver, pero lo que sí está claro, es que siempre podremos volver. Todos seguirán en el mismo lugar, con sus vidas. Nuestros seres queridos no se moverán de sitio, y si lo hicieran...no irán muy lejos.
Petra o Seúl, Tokio o Moscú, Yacarta o Singapur. La vieja Europa, o el lejano oriente. Carretera y manta.
Petra o Seúl, Tokio o Moscú, Yacarta o Singapur. La vieja Europa, o el lejano oriente. Carretera y manta.